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Cuando aun no tenía diez años y sin aviso, llegó con el hermoso colgante rojizo y de grandes ojos. Lo llamé el “ser de lana”, pues nunca logre saber que era. Sabía qué estaba hecho de lana y alambre. Que, tenía, además, esos espejos de ojos y que todo el desbordaba ternura. Incluso esa larga cola verde. Seguramente pensaba en un perro o, tal vez, en un gato pequeño. Hasta podría pasar por un leoncito nuevo, por el color de su piel. Pero no fue eso, lo que atrapó mi corazón. Fue el gesto suyo, que lo construyó para ponerlo allí, colgado del espejo de mi camioneta. Ese fue el lugar que él le asignó y allí estuvo durante muchos años. Algunos me preguntaban por el “ser de lana” y yo les contaba que me lo había hecho Mijaíl, mi hijo. Y lo tomaba y lo mostraba, para que lo vieran en el detalle. Probablemente para algunos aparecieron esos hermosos trazos que el cariño de los hijos va incorporando a las manualidades que hacen para su papá o para su mamá. Otros quizá no.
A mí, sin embargo, esta era la parte que me parecía más nítida. Las manos cariñosas de mi hijo, siguiendo las ideas que iba forjando en su cabeza y llevando, poco a poco, a darle forma. Las mismas que aceleraban su corazón de niño al ver la silueta que iba apareciendo e imaginando como ella sorprendería a su padre. Cuando la vio terminada, probablemente le contó a un amigo o a su profesor, que era para su papá. Que la pondría en su camioneta y que la había hecho para él. Seguramente, sintió mucha satisfacción y, ¿por qué no? Una serena alegría, que le esbozaba una sonrisa suave. Todo eso y mucho más, se fue plasmando en el “ser de lana” y allí se quedó para siempre. De hecho, si Ud., mira la fotografía que acompaño a estas palabras, verá que todo eso sigue allí, que no se puede perder, ni ocultar. El se encargo que así fuera y, muchos años después, al mirar esa foto, me lo recordó, con la fuerza de un huracán.
No logró pues, el rayo que tomó tu vida, apartar de mi corazón el tuyo, Mijail, que quedó impregnado y siendo parte de tu regalo -también de mí- como el calor y la luz que pone el sol sobre la tierra.
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