|
Mijáil... Tú siempre serás, “nuestro mejor copiloto”.
Este verano del 2009, cuando llegó tu hermana Aletia a visitarnos, cada vez que con tu papá nos reunimos junto a ella y a tus hermanos Ariela y Gianni... ¡La familia se sentía completa! Yo sé que si cada persona hace un esfuerzo, podrá sentir cómo es esto... Porque en estas ocasiones, ya no es sólo el sentirte como siempre a nuestro lado -“invisible, pero Presente”- como un solcito que entibia nuestros días... sino que es algo distinto. Cuando estamos Todos Juntos, tu Presencia es mucho más cercana, es “un poquito como la de antes”... Es como si nuestros sentidos se agudizaran, y pudiéramos casi verte, casi tocarte, casi... Ay, Mijáil... ¡Tú nos entiendes!
Mijáil... Yo sé que la fortaleza que tuvimos, tu papá y yo, para convocar a tus tres hermanos a esa sencilla y hermosa ceremonia familiar, en donde renovamos el compromiso que dio origen a nuestra familia... nos nació de esa paz que tú nos regalas, a cada instante, desde esa Gran Paz que gozas junto a todos nuestros amados seres celestiales. ¡Fue tan emocionante ese momento del registro de la imagen de toda la familia, donde por primera vez tu Presencia sonriente nos acompaña... de manera visible desde tu fotografía! Ese día, nos comprometimos a seguir juntos los dos, no tan sólo “hasta que la muerte nos separe”, sino que... “hasta la eternidad”. Y todo esto, porque sabemos que tú nos esperas Allá, y que si caminamos buscando la paz en medio del dolor, podremos ser de nuevo... una familia feliz. La esperanza de volverte a abrazar, hijo amado, que es nuestra certeza, no nos abandonará jamás. Un día nos reuniremos contigo, ya en Paz, y esperaremos la llegada de nuestros otros tres hijos y sus retoños, todos ya bien viejitos y todas ya bien viejitas, para celebrar en familia...
Hijo... En nuestra familia, como en muchas otras, nuestros cuatro hijos han sido criados con la intención de entregarles raíces, que son la familia misma... y alas, para volar libres ya de las ataduras a sus padres. Y este verano, ha sido nuestro turno de acompañar a nuestro hijo menor, a nuestro amado Gianni, en su vuelo a una vida independiente, a una vida en Santiago... Pena y alegría, se han unido en nuestros corazones, ni más ni menos como cuando partieron a estudiar, allá mismo, nuestras amadas Aletia y Ariela... Pero, es innegable que un hecho aumenta la pena, y es la imposibilidad de no recordar que hubo, en la familia, un doloroso espacio de tiempo sin hijos que despedir, en vida, para tan sólo vivir en otro lado de este planeta nuestro. Sólo gracias al amor que nos une en familia, esa pena no empaña nuestra alegría al ver a Gianni feliz, comenzando una nueva aventura en su vida, sino que sólo nos hace transitar, como es ahora nuestra vida, del dolor a la paz. Mijáil... Esa paz estará en nuestros corazones, porque tenemos la certeza de que lo acompañas... con tu buena y cercana Presencia de hermano mayor.
Un amoroso regalo de nuestro Gianni... son unas hermosas fotos suyas tocando guitarra, casi al momento de dejarlo ya en libertad. Verlas, es volver a escuchar los agradables sonidos con que que tú y él llenaron, llenan, y llenarán nuestros caminos compartidos. Vuestra música, hijos, nos envuelve en una dulce paz... Y claro, tú lo supiste antes que nosotros: Tu hermano Gianni nos ha dejado también un regalito verde, de color esperanza, que crece y crece en nuestra cocina. El año pasado, a pedido suyo, compramos una plantita de ajíes de alegres colores. Nos alegró la vida, desde esa ventana... Floreció, dió frutos, semilló, se secó y, aunque “desapareció”, la seguimos regando... Y ya solos, al volver de nuestro viaje, la encontramos nuevamente brotando... ¡Cómo no verlo, como una linda señal de esperanza de tiempos felices para nuestra familia!
Este verano, hijo lindo, viajamos varias veces al centro de Chile desde Copiapó, nuestra lejana ciudad nortina. Y en cada viaje, se pudo sentir que tú viajaste con nosotros... casi igual que antes, cuando eras nuestro mejor copiloto. Con tu papá nos emocionamos, cuando vemos tantas señales que nos recuerdan esos viajes contigo. Aunque me duele, porque podría tomarse como una cruel ironía de la vida, hubo un ingenioso acto tuyo que nos alegraba el viaje, y hoy llena de paz recordarlo, por ser algo muy tiernamente tuyo: Por tantos años... en cada viaje y cada vez que nos cruzábamos, en pleno desierto, con el pequeño tren minero de trocha angosta, tú te encargabas de contar sus carros, con gran rapidez y muy calladito, y nos sorprendías con la cantidad justa. Así también, cómo olvidar que antes de bajar hasta Caleta Hornos, yendo hacia el sur, para maravillarnos con la vista y cercanía de ese hermoso y luminoso mar... ya en una de esas vueltas de la Cuesta Buenos Aires, rodeados sólo de cerros y cerros, tú nos habías anunciado: “¡El mar...!”, regalándonos una fugaz vista de sus brillantes aguas. Hoy, cada vez que, en ese mismo lugar, acierto y logro ver al mar por unos segundos... siento resonar tu amada voz en mi corazón, anunciándomelo con gozo. Te amo, hijo...
Ay, hijo lindo... Eras un buen copiloto... Y eso que no te sentabas adelante, salvo un par de veces; y una de ellas, fue en un viaje con tu papá y tus hermanos Aletia y Gianni, al comienzo del último verano, en donde él recuerda, con alegre emoción, que por tomar agua en lo más alto de una de las cuestas del camino, mientras conducía... le llamaste ¡seriamente! la atención. Sí, nos cuidabas. Y ahí está, también, ese pequeño bosque en donde se detuvieron, en ese viaje sin mí, y que hoy nos acoge, amorosamente, cada vez que vamos hacia él, para permitirnos sentirte... Tú también sabes, que en cada detención en medio del desierto, hoy la vista “se nos va” hacia una alta roca, porque ahí estabas ya rapidito con tu hermano, cuando apenas casi llegábamos. Ay, hijo, y esos árboles que subiste con tu hermano, en lo alto de la Cuesta El Melón... Allí, donde te perdiste de vista cerro abajo, y no subías por más que te llamábamos, el Gianni y yo, porque estabas feliz acariciando a una hermosa yegua...
Hijo... Por tu gran consideración hacia los demás, y por tu mucha paciencia... estabas siempre pendiente de cualquier comentario, especialmente de tu papá. Cómo sería, que a veces hasta parecía que viajaban solos... Por eso ahora, cada vez que tu papá viaja, le recuerdo que va... “con su mejor copiloto”. Desde luego, a veces descansabas y leías, escuchabas música, comías algo rico (como esos panes amasados con queso de Vallenar, o esas empanadas de queso de Huentelauquén, que hoy comemos pensando en tí...), o conversabas y jugabas a algo, con tus hermanas, con tu hermano... Hoy nos alegra el alma, recordarlos a los dos conversando, ¡alegres y llenos de risas!, durante todo el viaje desde Viña del Mar a Copiapó, sólo unos diez días antes... Con tu papá, recordamos, con mucha claridad y con mucha, mucha emoción, Mijáil, cómo nos mirábamos los dos ese día, contentos al verlos tan hermanables y tan felices...
Hijo... Gracias, por haber sido tan paciente y cariñoso con nosotros, en cada viaje; por cada gajo de naranja que me recibiste, por tantos años; por esa alegría con que cantabas, junto a nosotros; por cada regalito hermoso que nos encontrabas... en pleno desierto, bosque, playa o campo; por esa alegre energía con que movías el auto, al compás de las canciones; por tu forma de ser, que te hizo inolvidable para muchas personas, como pasó con la señora de los quesos de Vallenar... Y por tanto, tanto más que seguimos recibiendo de tí. Como esa plumita de tiuque, que encontré al regresar, como un nuevo tierno regalito tuyo, en ese significativo lugar de la Cuesta El Melón...
¡Tantos viajes compartidos...! Y ahora, así también en el caminar del día a día, aunque aparentemente no nos movamos ni un poquito, sí estamos en medio de un continuo viaje... ¡Un viaje a tu encuentro! Caminamos hacia ti, Mijáil. Y lo hacemos con una sonrisa de esperanza, porque en este caminar, en este viaje compartido, donde hemos seguido recibiendo, en forma ininterrumpida, tu amor... ¡tú sigues siendo nuestro mejor copiloto!
Gracias, Mijáil, porque con tu vida junto a nosotros... nos dejaste clarito que tú Vives junto a tu familia. La familia Chacón Mijic, está completita: Nos acompañas, “a tu manera”... EL LAZO DEL AMOR NO SE ROMPE CON LA MUERTE.
Luisa, mamá de Mijáil y tres hijos terrenales...
|
 |