|
Tu visita… en esa mariposita.
Mijáil… Viajando a La Serena luego de Navidad, para abrazar a tu hermana Aletia, en esa acostumbrada detención en el cruce a Vallenar, donde tantas veces tú elegiste cositas ricas para comer, la dueña me miraba cuando yo no lo hacía… Ah, ya. No se acuerda de mí, pensé. No se acuerda, que el verano pasado le mostré tu foto y le conté; no se acuerda, que lloró al saberlo… Pero, ¡sí! Me miró a los ojos, y con su voz suave y bella sonrisa de siempre, me preguntó: ¿Y cómo ha estado…? Ay, hijo, fue lindo… Me dijo: ¡Cómo no me voy a acordar…! Y hablamos de ti. Me repetía que sí, que tenía que aprender a vivir con el dolor… Me dijo, que ahora tú nos cuidas. Y les contó, a las niñas que trabajan con ella, que tenías linda sonrisa, lindos dientes…
Me despedí mostrándoles esa linda foto tuya, para dejarles de regalo tu sonrisa, esa sonrisa que siempre nos acompaña. Tu paz se quedó en ellas, y se fue conmigo hasta llegar a tu papi, cuando le conté lo vivido. Pero, tu paz fue mucho más allá, hijo: Un poquito más al sur, nos detuvimos a comer esos ricos pancitos amasados; y, mientras conversábamos llenos de emoción sobre esta nueva experiencia de paz, al mirar por el espejo retrovisor de mi lado, pude ver una mariposita amarilla que revoloteaba sobre la luz trasera… Tu papá también la veía, por el mismo espejo. Fueron, por lo menos, un par de mágicos minutos con esta tierna compañía. De repente, voló a lo alto y creímos que había partido… pero fue al contrario, ya que apareció ante nosotros y se pegó al vidrio delantero. Ahí revoloteó unos segundos, ante nuestros asombrados ojos, y luego voló… Entonces, tu papá me dijo: “Quería que supiéramos que nos está cuidando…”
Fue una maravillosa señal, hijo lindo… Nos dejó como flotando, llenos de paz. Y nos dijimos: ¿Cierto que si no fuera por estas señales…? Si...
Gracias, Mijáil, por tu compañía… Por tu Nueva Compañía.
El amor nos une por siempre…
|
 |