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Hace más de un año en que no tenía la suerte de soñar con mi hijo. Es cierto que, dormido, no sueño mucho. Sin embargo mi deseo de sentirlo – en sueños- es de una fuerza incontenible. Es cierto, en un sueño sólo veré imágenes, pero es lo más cerca que puedo estar de su recuerdo, de sus emociones y de su ser. Hace unos días –a fines de diciembre del 2006- mientras miraba un hermoso paisaje de agua muy azul, rodeada de verdes bosques (quizá un lago del sur o una orilla del mar), vi aparecer un grupo de lobos obscuros. De pelaje negro y ojos relucientes. Se veían amenazantes y muy peligrosos. Entonces mi vista se detuvo en mi hijo, mi hermoso Mijáil que, muy cerca de los lobos, en medio del agua que era poco profunda, los miraba lleno de curiosidad y queriendo acercarse a ellos, diciendo, como solía hacerlo, que no había problema, que no eran peligrosos, …. El temor se apoderó de mi rápidamente y traté de acercarme a mi hijo, intentado ahuyentar a los lobos, pues la distancia entre ellos y Mijáil era muy pequeña. Entonces me percaté que los lobos parecían no verlo, miraban hacia el agua, pero en otra dirección y luego de beber, se regresaron al bosque. El seguía allí, pero esta vez era yo el que me alejaba, tranquilo y con la sensación de que había tenido un momento maravilloso. Una señal noble y cariñosa. Si, sólo el pudo enviarla.
Roberto.
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