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Gracias, Comunidades Educativas…


Saludo, con cariño y gratitud, a cada Comunidad Estudiantil de Santiago, Copiapó, La Serena y Viña del Mar, que acogió a nuestro amado Mijáil en sus felices años de Niño… y en sus felices años de Adolescente.

Una vez más, con gran emoción, les invito a recordar algo de lo que nos contaba Mijáil, a sus diecisiete años, en su Proyecto de Vida:

“… esa mañana decidí ser médico de urgencias. No sé cómo ni por qué pasó, pero me salió del corazón, pues ¿qué puede ser mejor, en nuestra pequeña vasta tierra, que dedicar toda tu vida a ayudar a quien más urgente necesita ser ayudado? …Así, haciendo algo que me guste, podría llenar toda una vida de pequeñas ayudas, que hacen todas una grande para todo el mundo. …Tengo en mente… dedicarme a ser un médico residente en el lugar que sea mi presencia más propicia, dado el momento. …Esto es, sin más, el camino que, pienso, voy a seguir en los próximos años de mi simple y espero que significativa vida.”

Y a sus dieciocho años, poquito antes de partir a su Vida Eterna, Mijáil soñaba y planeaba… “A largo plazo, cuando sea doctor y tenga plata, voy a abrir un hospital en el lugar en que haga más falta del mundo, y ahí voy a recibir a todos…”

¡Así era nuestro Mijáil! Lleno de buenos sentimientos. Con un gran espíritu de servicio a los demás, y de una gran humanidad. Con mucha reflexión, honestidad y esfuerzo, “se estaba haciendo a sí mismo”… dejando aflorar, con gran seguridad, TODO LO BUENO que tenía en su corazón. Vivía feliz… su simple y significativa vida… agradecido de lo que tenía, de sus posibilidades y de sus talentos, sintiéndose privilegiado y nunca superior a otros. Siendo su mamá, percibí que sentía lo importante que era “ser tomado en cuenta”… para ser feliz, y, por eso, él siempre fue muy considerado con toda persona a quien lograba llegar.

En su vida estudiantil, Mijáil nos demostró que “La alegría de aprender… ¡Nace de la alegría de vivir!”

Gracias, por permitirnos SENTIR CERCA a Mijáil, a través de vuestros testimonios, homenajes, y conversaciones… Gracias a muchas Buenas Personas mi hijo fue un estudiante, un niño, un adolescente… ¡UNA PERSONA FELIZ! Porque lo único que Mijáil necesitó para ser feliz… es AMOR.

Cuando ya no tengo su abrazo en el Día del Profesor… ¡llegan tantos hermosos recuerdos! Felices momentos que vivió, entre los tres meses y los dieciocho años, junto a Tías, Profesoras y Profesores, Directivos, Inspectores, Auxiliares, Secretarias, Compañeros y Compañeras, Mamás y Papás… Amigos y Amigas, de todas las edades y de una gran diversidad. ¡Tantas personas que llegaron a su corazón y lo amaron… ganándose su cariño y su respeto! Son recuerdos que alegran, enorgullecen… y llenan de paz.

Por estos hermosos recuerdos, creo justo y necesario destacar, en este amoroso espacio de reflexión espiritual que nos une en torno a él, a nombre mío y también de mi familia, a esas Buenas Personas que compartieron, de manera más cercana, parte de sus vidas junto a mi amado hijo Mijáil… en la aventura de aprender. Estas personas representan… a cada persona que trató con cariño a nuestro Mijáil, lo miró a los ojos, y le sonrió; y hoy, en el silencio de su corazón… lo añora y LO AMA. Y ahora lo sé, por las gratas sorpresas de estos últimos años… ¡Son muchas más que las aquí nombradas!

Por su amor hacia Mijáil, estarán por siempre en nuestros corazones. Que Dios les bendiga junto a sus familias, sintiendo siempre y muy cerquita… la compañía de nuestro amado Mijáil, con su Paz.

Luisa Ester Mijic Valenzuela, mamá de Mijáil y tres hijos terrenales, y Familia.

Copiapó, octubre 2006… octubre 2007.