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Cuando tus ojos me miran, pueden ver todo lo que soy. Cuando miro los tuyos... puedo ver el Infinito.
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Esta navidad, la tercera sin tu fulgurante presencia física, nos encuentra con tus ojos. Esos inevitables ojos tuyos que tanta belleza y alegría nos dieron, mientras vivías con nosotros y que tanta paz nos dan ahora, que estas ausente. Esos ojos tuyos que nos dicen de tu serena calma y de tu paso tranquilo por la vida. Esta fotografía logró captar esa hermosa realidad de tus 16 años, poco antes de ir a la fiesta de aniversario de tu liceo, con tus amigos y compañeros. Te ves ahí, confiado y dulce. Con esa ternura que nunca dejo de ser parte tuya, como no dejan de ser parte de la primavera, la flor y la mariposa.
Hijo, al recordarte cada día, fluye en todo mi ser ese orgullo paterno de que hayas sido hijo mío. Grande y fuerte. Reflexivo y capaz de apoyar, a tus breves años, como el más maduro de todos.
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Paz y serenidad para todos... que el año que viene se cumplirán los sueños que no pudieron hacerlo en éste, y la felicidad estará presente cada día.
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