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Sólo tu tenías esa forma de ver la vida. Esa indescriptible, pero tan diferente, de comunicar tus sentimientos. Y que decir de tu humor.
¿A quien se puede igualar?.
Todo en ti era especial. Irrepetible. Tal vez por eso te llamamos Mijail Andros Luciano, pues parecía que aun antes de nacer, nos estabas diciendo que serías así. Especial como ningún otro. Esa manera tuya de ser, de ir por la vida como sólo a Mijail se le podría ocurrir. O sólo como tu sabías hacerlo. Si, ese eras tu. Severo a veces, sobre todo contigo mismo. Sereno, porque querías ser así. Como si te impusieras ese deber ineludible de estar tranquilo. Flexible, para buscar otra vía, cuando la primera no era posible. Entusiasta como el que más, sobre todo para esas aventuras deportivas o de grupos de amigos. O para ir al campo o a la playa, donde siempre hallabas algo para investigar. Allí donde estas, lo investigas todo. Lo quieres saber todo y estoy seguro, que lo vas guardando para contarlo a nosotros. A tus amigos. A todo el mundo, pues si algo eres siempre, es ser generoso. Para dar y para recibir. Dispuesto a darlo todo, pero también a recibir. Tu no ibas a desairar a nadie. Una vieja amiga mía me decía siempre, que tu eras tan educado, que era su forma de decir que tu, simplemente, le encantabas. Es que tenías esa otra virtud, la de simpatizar con los más chicos, incluso con las “guaguas” , con los “peques”, con los de tu edad, con los mayores , pero también con los “viejitos”. Ese eras tu. Enorme en tu empatía. Parecías tener un reflejo natural a ponerte en el lugar del otro. Eso que hoy es tan escaso, abundaba en ti, como para entregarlo a manos llenas.
Si. Eso que te hizo único para nosotros y tan querido por todos, es lo que hoy nos acompaña siempre. A veces para llorar, otras para sentir fuerza y las más de las veces, para sentir que, de algún modo, la eternidad está con nosotros. Esa intangible eternidad que nos acompañó cuando estabas físicamente aquí. La que venía a decirnos todas las cosas que tu nos decías. Sobre todo, la más importante, que justo ahí, nos estarás esperando.
¿No es verdad que si? Mi querido hijo. Recibe un abrazo más de tu "papi".
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