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Muchos ya conocen esta tierna anécdota tuya, hijo... Estabas en Primero medio, con quince años, y siempre te acompañaban a casa amigos y amigas. Uno de ellos, de hermosos ojos y muy tierno, venía en una bicicleta prestada por un amigo, pero un día no vino en ella, así que le prestaste la tuya porque era tarde y vivía lejos. Y esto se repitió... muchas veces más. Cuando se demoraba un poco en traértela de vuelta, yo te preguntaba por qué no la traía, y te decía que no estaba bien, que debías pedirle que no lo repitiera... Y tú me decías : "Ya, mamá...", con tu calma de siempre.
Y un día... tu bicicleta ya no volvió. Me dijiste que tu amigo tenía un problema con otra bicicleta que le prestaron y, por eso, le habías prestado la tuya por mientras. No estaba muy claro, pero tampoco era algo tan grave ya que la tuya no era ni tan grande, ni tan nueva. Pasado un tiempo, volvió tu bici... ¡pero sin la rueda trasera!
"¡Pero, Mijáil, ¿qué le pasó a tu bicicleta?!"... - exclamé, entre risas y espanto, al verla patas arriba en el patio. "Nada, mamá, sólo que le presté esa rueda porque él chocó, y se le rompió la rueda de la que le prestaron, nada más..." Ay, hijo... Lo decías con tanta calma, que hasta vergüenza me daba reclamar... Ayayay, me río de nuevo hoy, porque al acercarme a mirar más de cerca, vi que también le faltaban otras partes... Ay, Mijáil... "¡Pero, hijo...!" "Ya, mamá... Si son sólo cosas..." Y no volvimos a tocar el tema, quizás porque sentí que había algo mucho más profundo en tu manera de actuar.
Al recordar este hecho con tus amigas y amigos de entonces, conocí algo más de las penas que vivía ese amigo tuyo, que yo intuía y que tú... ya las sabías. "Sí, Mijáil... eran sólo cosas." No hubo maldad... Era simplemente un amigo, apoyando a otro amigo. Y cuento este pedacito de tu vida... ¡con mucho orgullo!
Te amo, hijo lindo... ESTÁS CERCA... Recordándonos que "son sólo cosas..."
Soy una orgullosa mamá, tuya y de tus tres hermanos.
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