|
Tenías diecisiete años... Tu curso estaba viviendo difíciles momentos de convivencia, y una compañera tuya se estaba retirando del colegio, justo cuando yo estaba ahí presente. Conversaba con su dolida mamá, profesora también, cuando llegaste tú. Como era tu costumbre, ¡tu tierna y hermosa costumbre!, te acercaste a saludarme con un beso... El ambiente no era el mejor, desde luego. Eran diferentes visiones y actitudes, adultas, que no calmaban las aguas... dentro de un conflicto de convivencia entre adolescentes.
De repente, veo que sales hacia el patio con esa compañera que parte... Te paras en un escalón frente a la puerta de las oficinas, ella se abraza a ti por la espalda, y así se quedan, mientras tú también la abrazas. Con algo de vergüenza, admito que sentí inquietud por tu abierta manera de actuar ante todo el colegio, pero creo que estaba muy confundida y adolorida por lo que tú estabas viviendo en esos días. Sentí, por unos momentos, hasta preocupación por lo negativo que podría significar, para ti dentro de tu curso, esa manifestación pública de apoyo total a esa compañera. Pero, poco a poco, mirándolos, tan hermoso tú y tan hermosa ella, tan lleno de amor ese abrazo... sentí y vuelvo a sentir como algo tibio en mi corazón... ¡un gran orgullo por ti! Orgullo por tu actitud, porque sabía que pensabas que no era justo que ella se fuera, o que alguien tuviera que irse por un problema que... "conversando, se podía arreglar."
Hijo, tú eras una buena persona, tú no actuabas pensando en lo que te convenía, según otros... Y ahora, que ya no puedo abrazarte "como antes", siento como un abrazo tuyo esa escena maravillosa que vuelve, una y otra vez, a mi mente y a mi corazón. Me emociona hasta las lágrimas recordarla... Y ese momento de tu vida, con su significado inmortalizado en esa escena, es una prueba concreta más... de que tú realmente eras solidario, de que te preocupabas por los demás, de que sabías dar el apoyo a quien lo necesitara, luchando a tu manera contra lo que creías injusto. Esa triste tarde, tú sentías que tu amiga estaba sufriendo, que tu amiga te necesitaba y, por eso, Mijáil, simplemente... la abrazabas.
Te amo, hijo celestial... SIGUE SIEMPRE CERCA... VOLANDO LIBRE Y FELIZ...
Luisa, tu mamá y la de tus tres hermanos... a mucho orgullo.
|
 |