|
Éste es, creo yo, el recuerdo estudiantil que mejor te retrata, hijo mío hermoso...
Tenías diecisiete años, y estabas apenado porque el ambiente afectivo en tu curso no estaba bien... Incluso tú mismo, y lo supe sólo después, resultaste afectado por el mal trato imperante. Tú nunca me dijiste nada, acerca de alguna negativa actuación de algún profesor o alumno, en particular. No recuerdo que me hayas dicho "esta persona me cae mal". Deseo resaltar esta característica tuya. Creo que nadie te caía realmente mal. Recuerdo que "en esos primeros días", al volver del cementerio una tarde con tu familia, estábamos hablando justamente de eso y tu hermano Gianni, como máxima expresión de tu tolerancia, dijo : "Si ni siquiera le caía mal...", nombrando a alguien que, para nosotros, no era nada de simpático... Así eran las cosas, y sólo ahora sé que conversabas de esto con profesores, profesoras, compañeros y compañeras, intentando mejorar la convivencia. Eso sí, recuerdo que tú participaste conmigo, generosamente, en una reunión extraordinaria entre padres e hijos, junto a la profesora jefe de entonces y, suavemente, compartiste tus reflexiones :
"Que faltaba mayor madurez... no es que no la tuvieran, pero faltaba más. Que, a veces, se producían problemas por dar importancia a cosas... que no eran tan importantes. Y que era necesaria la unidad..."
Pero un día, al salir de vacaciones de invierno, llegaste a mi lado y me dijiste : "Mamá, yo a ese colegio no vuelvo"
"Pero, hijo, ¿por qué...?" Y volviste a repetir, con voz clara y firme : "Mamá... no voy a volver." Hoy, me duele mucho recordar, Mijáil, el brillo húmedo en tus ojos... Ay... Llena de tristeza, te volví a preguntar, pero no quisiste hablar. Te busqué matrícula en otros colegios, pero, a esa altura del año, no fue posible. Por eso, conversamos y decidiste terminar el año. Al poco tiempo, me contaste ese doloroso incidente con un amigo. Doloroso para tu sensible corazón... Supe, ya tarde, que nunca se reconciliaron, pero tengo la certeza de que tú no le guardabas rencor. Quizás no quisiste volver a hablarle, como una forma de hacerle ver lo mal que había actuado, y el daño que te había causado... Creo que algo así te guiaba. Pero, tú sabes que ese joven ya se acercó a tu mami y... "ya son amigos de nuevo". Y ese amigo, que perdiste acá en la Tierra en esos días, ahora tiene en ti... un eterno amigo celestial.
En esos días, de vuelta tú a esa triste realidad y deseando yo aportar, de alguna manera, en la solución de los problemas dentro del curso, te dije : "Mijáil, yo quisiera trabajar en Orientación, con otras mamás, dentro de tu curso. ¿Crees tú que tendrías problemas, si me ofrezco...?" Con mucha serenidad, me contestaste : "Mamá, no te preocupes por lo que a mí me pueda pasar. Anda, mamá..." Ay, hijo, con gran pena recuerdo que no pudimos ni llegar a vuestra sala. Pero, ya no importa nada de eso, porque... "danzando en el aire" mientras se escucha una melodía de amor, Mijáil amado, quedan tus hermosas y generosas palabras : "Anda, mamá..."
Tratando de ayudarme, algunas personas me han dicho que mejor que hayas muerto, porque este mundo es muy malo... Pero yo sé que tú te ríes (respetuosamente, al igual que yo), moviendo la cabeza con una gran comprensión, al escucharlos. Porque tú tenías muy, pero muy claro, que este mundo no es perfecto porque le hace falta más amor. Y ese amor, era el que tú estabas dispuesto a seguir entregando... ¿Y cómo no pensarlo así, cuando a pesar de la posibilidad de enfrentarte a enojos de algunos jóvenes, no me dijiste : "Mamá, no hagas nada... si ellos no van a cambiar..."? ¿Si, en cambio, me empujaste a ayudar, movido por tu confianza y esperanza en las personas, que nacía de esa hermosa capacidad tuya de mirar al mundo... "con los ojos del alma"?
Ay... hijo hermoso, te sigo escuchando... "Anda,mamá..."
Mijáil amado... Gracias por tus mensajes... son señales de que ESTÁS SIEMPRE CERCA.
Te amo, Mijáil... Soy la mamá más orgullosa de este mundo, por ti y por tus hermanos.
|
 |