|
Tu sonrisa… Tenías una gran facilidad para sonreír… Y con ella... ¡nos contagiabas tu optimismo!
Tu paciencia… ¡Nos tenías tanta paciencia! Mucha, mucha más de la nuestra contigo.
Tu consideración… Sí, a todos nos tomabas en cuenta… ¡Y nos hacías sentir bien!
Tu mirada… Ay, dice tantas cosas cada una de las miradas que nos has dejado en tus fotos… o en aquellas caritas tuyas que guardamos en nuestra memoria.
Tu ternura… Eras un niño, un adolescente, un hombre tierno. Encontrabas belleza y alegría en las cosas más sencillas… ¡Y no te daba nada de vergûenza demostrarlo!
Tu respeto por todos… Entregaste tu amor, sin discriminar a nadie. Felices los que abrimos nuestro corazón… para recibir ese amor.
Tu apoyo sin temor… Con hechos concretos, entregaste tu apoyo a quien era víctima de una injusticia, o vivía un mal momento en su salud mental… sin preocuparte del “qué dirán”.
Mijáil… mi hermoso hijo amado… hoy comienzo así esta reseña personal tuya… Poco a poco, a la medida de mis fuerzas, la iré completando. Me trae mucha Paz hacerlo... y deseo compartir esa Paz con todas las personas que te aman y se sienten amadas por ti…
Tu mamá, a mucha honra…
|