|
Tu silueta, recortada sobre el pasto, esbelta y tranquila, como si caminaras hacia un horizonte sin limites. Como si estuvieras esperando al amigo lejano. Hijo maravilloso, que tantos sentimientos dejaste atravesados en mi pecho. Hijo más hijo que ninguno. Cariño gigante en tu naturaleza ilimitada. Esa tarde, te miraba desde arriba. No se si sabías, pero parecías estar en tu propio mundo. Como si tu padre fuera otro elemento más de ese bosque de castaños y olivillos. El viento danzaba veloz y el frío desplegaba su itinerario de hielo. Tu, desde la hierba reluciente, erguido, parecías sobrenatural. Lleno de esa belleza tan especial, tan arrebatadora y delineada. Lleno de fuerza, lleno de vida, como un gato asechando, como un lobo trotando al atardecer, como un águila que emprende el vuelo. Yo miraba entre las ramas, tu flotabas. Te amaba y te amo tanto, hijo admirado ¡te añora tanto!. Tu, que seguías con sigilo mis pasos o abrías tus sueños, caminando junto a mi. Hijo de la palabra precisa, que tantos pensamientos dejaste en mi corazón.
Hoy recordaré uno sólo, ese que dijiste pocos días antes de tu partida. “Quizá hace falta conversar un poco..”.
Tanta belleza en tus movimientos felinos.
Tanta claridad en tu pensamiento joven.
Aquí, en esta fotografía, en tu silueta detenida, fugaz, tu sentir y tu pensamiento, se unen para siempre.
|
 |