|
Mijáil, hijo mío, deseo recordar en tu espacio a mi hermano, a tu tío Esteban…
Amado Esteban, hermanito mío :
¿Te conté, alguna vez, que tú fuiste el protagonista de mi primer recuerdo de niña? Sí, sí, así fue… Yo tenía este hermoso retazo de nuestras vidas, guardado como un tesoro… lo tuve, por años, en el borrador de mi cuento “Las mañanitas de mi vida”, que pensaba regalarle a mi mami para su cumpleaños, este verano… La pena no me lo permitió y no tuvimos tiempo de leerlo y emocionarnos juntos, de reírnos y de abrazarnos, con ese amor de hermanos guardadito en nuestros corazones ¡por tantos años! Amor que, en estos últimos años, no perdía oportunidad de aflorar en forma de abrazos, besos y mucha conversa, en vivo y por imeil… y una atención constante. En mi primer recuerdo consciente… yo tengo ya cinco años y me está peinando Erminia, esa fuerte y amorosa mujer que bajó de la montaña para ayudar a mamá a cuidarnos. Entre sacudidas enérgicas de mi cabeza al pasar fuertemente la peineta, y mojadas de pelo, cara y ropa, al tirarme agua con sus grandes manos… ella me decía : “Ya Luisita, tiene que estar bien peinadita, porque ya viene llegando su hermanito…” ¡Qué momento más emocionante para mí y mi familia! Desde Santiago, llegas tú a Linares, con papá y mamá… ¡Qué hijo tan esperado y deseado! Era comienzos de abril, creo, pues tú llegaste a este mundo ¡un día como hoy!... el día 27 de marzo de 1955. Esteban, fuiste en mi vida una gran alegría… GRACIAS POR SER MI HERMANO Y COMPARTIR MI VIDA.
Fuiste un niño muy, pero muuuy amado por tu mamá… Eras el hijo preferido, porque eras “el conchito” de la familia y llegaste después de seis hermanas. Un recuerdo triste, te veo en tu silla de ruedas… Muy poco contacto tuve contigo en esos difíciles años, pues recuerdo que nuestra madre no delegaba en nadie tus cuidados. De niña, te recuerdo compartiendo horas y horas de juego, con tu autito de policía, con tu gran trompo musical, con tu camión de bomberos y con tu gran juego de armar… con ése de grandes piezas de madera con que, encajando con gran paciencia, dábamos vida a un gran fuerte donde vivían soldados y colonos con sus carretas y hasta indios “de los buenos”, con sus carpas, sus caballos y sus arcos con flechas. Regalos del tío Manolo, volcando en ti todo el amor por ese hijito que ya no estaba a su lado. Hasta una preciosa armónica te regaló, ayudando a desarrollar en ti ese gran talento musical que ya tu papi, con su acordeón, había despertado. ¡Qué hermosos días fueron aquellos, hermano mío! Tu amor nos hizo muy felices, hermano… y nos seguirá haciendo felices, a gotitas, mientras sufrimos “a concho” por tu prematura partida…
Ay, hermanito… De tu adolescencia, un recuerdo grato es aquel viaje que compartimos al sur de Chile, a Puerto Montt. Tú, despidiéndote de tu octavo año, con catorce añitos… y yo, de diecinueve años, ya egresada del colegio, como tu apoderada. Fue lindo, tengo fotos donde más fácil te recuerdo… con tu gorra blanca, me parece que fueras mi hijo, mi Mijáil. Se parecían… eran hermosos, eran felices, se sentían amados… y sembraron muuuchas Semillas de Amor. Ay, Esteban… Por años, nuestros encuentros son cada vez más alejados… Sólo ya casado y con una hija, volvemos a reencontrarnos más íntimamente, prestándonos hombros y oídos.
El dolor se encarga de volver a reunirnos… Se anuncia la muerte de nuestra hermana Carmen. La presentimos, preparándonos, aún sin querer aceptarla… Nos reunimos, por última vez, los siete hermanos junto a nuestra madre. Es el verano del año 2000. Hay un ambiente de paz y de perdón en el aire. Nos esforzamos por sentir y expresar sólo sentimientos y emociones positivas, con avances y retrocesos. Con el aporte de todos, a la medida de nuestras posibilidades, esta reunión queda en nuestras mentes y en nuestros corazones como el recuerdo de una hermosa, emotiva y, sobre todo, amorosa jornada. Siento que nuestra Carmen, sencilla como era, fue quien remeció nuestras almas y nos hizo ser, nuevamente, “hermanos”. Fue el comienzo de una nueva relación familiar, una relación de “más piel”, de más aceptar y expresar que nos necesitábamos unos a otros… ¡Aceptamos que nos amamos! Esteban, la felicidad del deseado reencuentro entre hermanos nos trajo paz, paz que nos permitió aceptar nuestro dolor con humildad. Aceptamos que sufríamos… ¡Amábamos a nuestra hermana! Esteban, creo que ese encuentro entre hermanos, nada fácil en muchos momentos, fue un despertar de nuestros sentimientos dormidos… Hoy, miro las fotos que todos atesoramos… En ese encuentro de hermanos, ya más sabios de tanto porrazo sufrido, comenzamos a ver una luz al final de nuestro caminar familiar y nació una hermosa esperanza… “Ya no nos separaremos más…”
Un mes después de esta reunión familiar, nuevamente juntos… para despedirnos del amado cuerpo de nuestra hermana. Nos apoyamos con fuertes abrazos… Las fotos nos muestran con ojos tristes, pero sonriendo… “La Carmen está contenta Allá Arriba, porque a ella lo que más le gustaba eran estos “choclones” de gente…”. Así nos decíamos unos a otros, como pidiendo perdón por estar felices de estar juntos… a pesar de estar tristes por no tenerla a ella en cuerpo y alma. Teníamos fe en que ella nos miraba… “Invisible, con sus ojos llenos de luz fijos en los nuestros, llenos de lágrimas…”, tal como dice su tarjetita. Fue un encuentro más con la muerte, hermano. Pero este encuentro fue mucho más doloroso. Nuestro amado padre, Mateo, había muerto doce años atrás, con más de noventa años de vida. Nos dolió su muerte, pero sabíamos que era la manifestación de aquello que tantas veces nos habló… “El ciclo natural de la vida”. Nuestra hermana era más feliz que nunca… ¡tenía a su hija! La Carmen amó y AMA profundamente a su hija Aurora. Tú y yo conocimos su orgullo de ser madre. Tú, compartiste su mesa muchas veces, con la compañía del papá de Aurora incluido… Algo que, ¿quién más que tú, hermano mío, haría? Era puro amor de hermano… Yo creo que fue tan dolorosa su muerte para nosotros, porque nos habíamos hecho la ilusión de que comenzábamos una nueva relación de hermanos. Pensábamos que tendríamos muchos años por delante, más tiempo para seguir demostrándonos nuestro amor…
Hermano mío… Nuestra Carmen nos dejó muy tristes con su partida al Cielo, al ir a reunirse con su papi amado, pero… CON SU FUERZA. Con esa gran fuerza interior que le había permitido caminar por la vida. Ella fue feliz, porque veía la belleza y sentía el amor hasta en lo más sencillo… Al morir, nos dejó un dolor que aún no se ha ido, y una tarea : ¡Demostrarnos el amor que sentimos entre nosotros, Hoy y no mañana! Esteban, desde entonces, SENTÍ TU AMOR en tus abrazos, tus besos, tus conversaciones y tu preocupación, por mí y por mi familia. ¡GRACIAS! Hoy… ¡SIENTO TU AMOR!
Esteban… ¡Tenías tanto amor para entregar!... No te rendiste nunca en tu empeño de lograr establecer lazos de amor… a pesar de que tu vida no siempre fue fácil, a pesar de que fuiste niño en una época en que los hombres no lloraban, ni expresaban sus emociones. Yo fui testigo del empeño que pusiste en cambiar esa forma de ser que se te había impuesto… y tus logros no terminan de impresionarme. Te dedicaste a conocer a tus hermanas, querías que sintieran tu amor y que te amaran también a ti. Nos amaste profundamente, yendo contra la corriente, superando las distancias entre nuestros corazones y el tuyo. Siento que nuestro amor, de una u otra forma, llegó a ti y te hizo feliz… Merecías más, pero nuestro tiempo terrenal contigo, terminó. Ahora… NOS AMAMOS, AÚN SIN VERTE.
Creo que Mijáil y tú sienten nuestro Amor, sienten ese amor que está detrás de todo este gran dolor, de este sufrimiento que nos tiene abatidos. Creo que este Amor que nos une hoy nos dará las fuerzas para seguir caminando, caminando por este camino que, luego de unos años más de felicidad terrenal, nos llevará hasta donde ustedes están… hasta esa Otra Vida. Estás con Mijáil, qué más se podría esperar si por siempre serás El Tío Esteban, aquel que amó a sus sobrinas y a sus sobrinos de una manera cercana y, siempre, con demostraciones sencillas y tiernas… Para mi Aletia, para mi Ariela, para mi Gianni y para mi Giovanni… tuviste un espacio en tu vida. Te agradezco, hermano, porque para nuestro Mijáil también tuviste tiempo acá en la Tierra, tiempo para demostrarle que lo amabas… Compartiste con él la cocina, excursiones y películas … Y, con gran orgullo y satisfacción, tus videos de la música interpretada por tus alumnos y tus alumnas. Con gran gozo, con ese gozo que se te salía por los poros… a nuestro Mijáil le prestaste oído en la interpretación de su música en guitarra… Creo que esta actitud tuya, de acogida, lo hizo avanzar más y más rápido en la interpretación musical, algo que le dio gran felicidad en el último año de su vida. ¡GRACIAS, HERMANO, POR AMAR A MI HIJO! Tú fuiste “uno de los afortunados” que supo llegar a su corazón, cómo me dijiste. Hoy, muy juntito a ti, por siempre unidos, sé que están interpretando las más bellas canciones… acompañados por su abuelo, nuestro papá, en su acordeón. Algún día… nosotros también estaremos gozando de vuestra Tocatta. Mientras, sus Semillas de Amor germinan y dan su Fruto, dentro de nuestros corazones.
“Aún no…” Recuerdo que eso dijimos al hablar de la muerte de nuestro Mijáil, al hablar de la muerte que yo no temo, PARA MÍ, desde la partida de nuestra Carmen… Sí, estábamos de acuerdo en prepararnos para irnos en paz… dejando algo de esa paz a los que se quedan. Ay, hermano, sé que tú querías “unos años más”, igual que yo, porque tenemos hijos que nos necesitan y a quienes queremos acompañar por más tiempo aún…
Hoy, sé que estás tranquilo, porque… IVANIA TE TIENE A SU LADO y LA SIGUES ACOMPAÑANDO. Sí, ya sé que no es la compañía que teníamos en mente, pero ya no hay vuelta atrás… Ni juntando toda mi rabia, podré cambiar esta dolorosa realidad. Creo que tú ya no intentas cambiar nada de lo que pasó. Hoy, TÚ ERES UN GRAN SABIO, tienes una sabiduría que te nace de la paz que te rodea…
Esteban, hermano mío, el anuncio de tu muerte nos pilló muy tristes. “Se nos había vuelto a mover el piso” con la muerte de nuestro Ricardo. Ay, Dios… Teníamos la esperanza de que el cáncer no se lo llevara aún, la misma esperanza de la que nos aferrábamos ante la anunciada muerte de nuestra Carmen. ¡Llegó tu muerte sin aviso!, sin ninguna preparación, si es que pudiese haber alguna. Grité, lloré, pregunté una y otra vez, ¡¿Por Qué?! Volví a revivir el anuncio de la muerte de mi Mijáil. Sentí la misma clavada en mi corazón, el mismo peso en mis espaldas. No entendía nada, la vida me dio como un miedo terrible. Esteban… nuestro Mijáil, que partió al Cielo adelantándose a todos como tenía por costumbre (¿recuerdas esa excursión en Pejerrey el año 2003?), con su muerte ha aumentado mi Fe (¿qué más me queda, sino aferrarme a ella?) y, por eso, hoy te lloro porque te amo… y te voy a llorar mucho, pero al mismo tiempo te imagino ¡tan clarito!, que me parece “verte” junto a mi hijo, junto a nuestro Mijáil, abrazado a él… ¡Felices! Te imagino diciéndome : “Me vine antes que mi hija y eso Está Bien”. Sí, hermano, yo estoy segura de que si hubiese sido ella… ¡tú te habrías muerto de pena! Por eso, creo que ante lo inevitable… algo “positivo” recuperas. Tu amada hija tiene su vida por delante, puede cumplir sus sueños… ¡Puede ser Feliz! Creo que tú estás en paz, porque sabes que tu hija saldrá adelante. Sabes que el Amor que la une a ti, le dará las fuerzas que necesita. Y, bien lo sabes… las Semillas de Amor que sembraste en tantas personas… darán una hermosa Cosecha de Amor y Apoyo para ella.
Otra vez en Linares, entrando en la misma iglesia de hace tres días… Me reencuentro con nuestra mamita de 92 años, muy triste, pero firme. Con un abrazo que entrega su fuerza de madre hasta el final, acompañando a sus hijos en todo momento. Me dice : “De nuevo, estamos pasando por lo mismo. Mi Esteban está con tu hijo, Allá Arriba.” Ay, mamita, mamita, ¡qué ganas de quedarme entre sus brazos! Hay tanta paz en ellos. Esteban, abrazo a tu hijita… Ivania permanece en mis brazos. Sabe cuánto nos amamos tú y yo, y cuánto la amo a ella. ¡Cómo quisiera poder evitarle el gran dolor que siente! Pero sé que eso es imposible, pues con impotencia lo he comprobado en mis hijos amados. Le cuento que me imagino a su papito y a mi hijo, abrazados y felices. Que tenerlos así en nuestra mente, es lo mejor que podemos hacer… Junto a Roberto, me acerqué a ver tu cuerpo. Con unas ansias de verte pronto, como para comprobar que no era cierto… Te lloramos y te hablamos, hermano.
Ay, Esteban, no quería verte ahí, no quería verte así, pero ahí estabas… Elegante, solemne, con un dejo de ternura… Con tu paz reflejada en el rostro. Con una paz de… ¡Misión Cumplida!
Esteban, esta reflexión ya la compartí con mi amado hijo Mijáil. Ahora, quiero compartirla contigo y con todos nuestros seres queridos terrenales… porque siento que nos trae gotitas de paz : TÚ TE FUISTE EN PAZ. Tengo la más absoluta certeza de que ASÍ FUE… por todo lo que conversaste acerca de la muerte, por todo lo que reflexionaste ante la muerte de nuestro Mijáil, por lo que sentiste en esos intensos últimos días al acompañar a la familia de nuestro amado Ricardo, mirando su rostro y “conversando” con él. Porque creo que “ese día”, gozando de la cordillera, te sentiste ¡Tocando el Cielo!... Porque tenías Fe. Tu sobrino Néstor, en cuyos amorosos brazos estabas al partir tu alma, nos contó que te despediste enviando un mensaje de amor a tu hija. Creo que fue un instante muy difícil. Tú no esperabas la muerte aún… porque tenías ¡tanto por hacer! ¡tanto amor por entregar y por recibir! ¡y a tu Ivania! ¡tu mamita! ¡nosotras! ¡tus sobrinos y tus sobrinas! ¡tus niños y tus niñas! ¡tus amigos y tus amigas! ¡la naturaleza! ¡tu música! Creo que te rebelaste por unos instantes… ¡No es justo! Te dolió separarte de tu hija, de tu mamita, de tus seres queridos… Pero sé que ya no te duele haberte ido, porque “Ahí” te llegó la paz, y esa paz te permitió “Ver” todo lo que habías vivido, y “Ver” cómo tu Siembra de Amor tuvo una Buena Cosecha : Está Bien, lo acepto, está decidido… me voy a Mi Otra Vida. Allá… los esperaré. Mientras… LOS ESTARÉ ACOMPAÑANDO DE OTRA FORMA… COMUNICÁNDOME CON USTEDES DE OTRAS MANERAS…
¡EL AMOR NOS UNIRÁ. . . HASTA EL REENCUENTRO FINAL!
Esteban, recuerdo esa frase tuya : “Tengo pensado…” No era voy a pensar, ni estoy pensando… No, ya lo tenías pensado, ya lo habías decidido : ¡IRTE EN PAZ!
Hermano… Aunque no querías irte aún, te fuiste antes que tu hija… ¡BIEN!
Aunque no querías morir, te fuiste en paz porque tuviste tiempo para prepararte… ¡BIEN! Aunque no querías darnos este dolor, te lloramos porque te ganaste un gran espacio en nuestros corazones… ¡BIEN!
Aunque ni siquiera lo soñaste así, te podemos dar el último adiós mirándote, porque la muerte no dejó su huella en tu rostro… ¡BIEN!
Aunque deseabas hacer mucho más aún, tenías claro que desarrollaste un Buen Proyecto de Vida… ¡BIEN!
Aunque soñabas con nuevos proyectos educativos, fuiste un profesor feliz, amado y respetado por tus colegas, alumnos y alumnas… ¡BIEN!
Aunque merecías tener “Un millón de amigos”, sentiste el amor que nace de la amistad… ¡BIEN!
Aunque no siempre estuviste en pareja, tuviste la alegría de amar y ser amado por una mujer… ¡BIEN!
Aunque quisieras haber hecho más como tío, recibiste una amorosa respuesta al amor que entregaste a tus sobrinos y sobrinas… ¡BIEN!
Aunque trabajo te costó acortar la distancia hacia tus hermanas, sentiste que eres una persona muy amada y necesaria en nuestras vidas… ¡BIEN!
Aunque la vida te dio “penas inmerecidas”, tuviste la dicha de ser inmensamente amado por tu madre y por tu hija… ¡BIEN!
Aunque viviste muchos años separado de tu hija, tuviste la enorme dicha de compartir tu hogar con ella en la última etapa de tu vida ¡Y ESO TE HIZO MUY FELIZ!... ¡BIEN!
Ay, Esteban, Esteban, por muchos ¡BIEN! que seguiremos encontrando… ¡No está bien que te hayas muerto tan pronto! Pero, si me preguntas si me traen paz y consuelo estas afirmaciones, debo admitirte que Sí. Claro que me trae paz decir ¡BIEN! luego de cada una de estas grandes verdades. Siento, entonces, que deseas que no las despreciemos… que las hagamos nuestras, que las repitamos muchas veces, porque nos traerán paz en medio de esta tormenta, tormenta donde el dolor se clava en nuestro cuerpo, en nuestro corazón y en nuestra alma. Yo tengo fe que tú las has puesto en mi mente. Siento como si me dijeras, tal como en ese día primero de noviembre, “Día de las Almas”, junto a la tumba de mi hijo amado : “Yo estaba preocupado por lo que estabas haciendo, y cómo era la gente con que te estabas juntando, pero, ahora, me voy tranquilo. ¡Estás bien!” Si, así de protector eras… hermanito. Y, por esas frases tuyas, yo siento que nos dejaste el mensaje de que tenemos que buscar gotitas de paz, donde sea y como sea. Siento que nos dices que no podemos permitir que la muerte nos venza, que la muerte nos aplaste… que la muerte nos cause tanto, pero tanto dolor, que… “como malos de la cabeza”, sólo nos desesperemos y lloremos sin pausa, cerrando nuestra mente y nuestro corazón a estos dignos consuelos, consuelos que siento que tú apruebas desde tu Nueva Vida.
Hoy, desde Las Alturas, nos sigues apoyando “de Otra Forma”, en una ayuda que nos das sin esfuerzo, porque basta que te recordemos y traigamos a nuestra memoria aquellos mensajes que nos has dejado : Una rica Cosecha de tu Siembra de Amor. Jamás olvidaré aquel verano del 2003, cuando me regalaste tu amoroso tiempo de harta conversa, en un momento en que el dolor por nuestra Carmen “se me iba por otro lado”, y me hacía aproblemarme, tan claro lo veo ahora, por cosas intrascendentes. Al despedirnos en el bus, le dijiste a Gianni : “Cuida a tu mamá…” Y, a mí : “Cuida a tu hijo…” Hermano, nos seguiremos cuidando… Cuidaré y amaré a mis tres hijos terrenales y a sus familias. Hermano, sé que estás tranquilo, porque mi amor de madre me alcanzaré, tú bien lo sabes, para amar también a tu hijita Ivana, y a nuestros sobrinos y a nuestras sobrinas. Están con mucha pena por no poder abrazarte, ni oírte, ni decirte que te quieren y ver la alegría reflejada en tu rostro al escucharlos. Deseo que tu paz y la paz de nuestro Mijáil nos permita vivir sin olvidar… ¡ESTÁN CON NOSOTROS! ¡NOS SEGUIMOS AMANDO!
El mismo Padre que “despidió” a nuestro Ricardo… nos acompaña en la despedida de tu amado cuerpo. Hermosas palabras que nos traen paz : “Esteban Mateo se durmió en el sueño profundo de la muerte, pero ya no está dormido… ¡Se ha despertado a la Vida Eterna!
¡Ha vencido a la muerte! Hoy, celebramos la Pascua de Esteban Mateo. Fue un buen Padre, un buen Hijo, un buen Hermano, un buen Tío, un buen Maestro, un buen Amigo… Lleven flores a su tumba, porque regalamos flores a los Vivos…” En el momento de darnos la paz, nos unimos en apretados abrazos con los ojos brillantes, pero con paz en el alma. Nos acompaña, en todo momento, “tu coro”, pareciéndonos “sentir” tu voz… en esos tonos bajos. Como esa vez, ¿recuerdas?, cuando cantaste con este mismo coro en la primera misa de La Cruz del Milenio, en Coquimbo, pocos meses después de la muerte de nuestra Carmen. Con la Tere, tu hermana mayor, te escuchábamos y mirábamos, ¡con tanto orgullo! Nos abrazamos con gran emoción, nos presentaste a tus amigos y amigas… Te veías ¡tan feliz y tan elegante! ¡Oh, qué grande estaba nuestro hermanito menor! Veo las fotos y lloro. Gracias a este recuerdo… sentí la falta de tu voz, entre las voces que te despedían con emoción y solemnidad.
Esteban… Con hermosas y emocionadas palabras, salidas espontáneamente de su corazón, te despide tu director a nombre de la comunidad del Liceo de Requínoa. Siento que habla, también, por todas las personas que compartieron contigo tu fructífero quehacer educativo en otros liceos : “Esteban fue un verdadero “formador de personas”… Para él, un “alumno problema” no era un problema… Seguirá estando con nosotros, con sus colegas, con sus alumnos y alumnas… en nuestras salas, y, especialmente, en su Sala de Música. Permanecerá junto a los niños y a las niñas de sus grupos instrumentales y folclóricos, en sus instrumentos y en sus voces… Esteban fue un gestor importante de nuestro Proyecto Educativo… por eso, seguirá formando parte viva de él y de nuestros sueños comunes, que se harán realidad. Esteban, descansa en paz…” Esa paz, una paz inmensa, nos rodea al terminar sus palabras. Porque esas palabras… ¡expresan mucho amor, hermano!
Secando las lágrimas que bajan por mis mejillas, escucho luego al Director del Coro de Profesores de Rancagua, tu emocionado amigo Mauricio Nilo, compartiendo una hermosa Despedida al amigo Esteban :
“Cuando los trigales se incendian de sol y los viñedos pintan la tierra del más puro verdor, nuestras voces callan ajenas a este esplendor. Uno de los nuestros ha partido. Sorpresivamente, prematuramente, trágicamente. Nuestras limitaciones humanas no pueden dimensionar ni entender. ¿Qué pasa con nuestro amigo Esteban, compañero de sueños e ideales, con quien compartimos tantas jornadas musicales, tantas vivencias, hermanados en el canto coral?
Durante los diez años que Esteban integró el Coro de Profesores de Rancagua, llegamos a apreciar y conocer no sólo sus grandes aptitudes y amor por la música, sino que también su dimensión humana y personal. Supimos de sus aflicciones, dolores y fracasos; de sus logros, triunfos y alegrías. Fuimos testigos de cómo el amor llamó nuevamente a su puerta y floreció en él nuevamente la esperanza y las ilusiones. Conocimos también el enorme amor que sentía por su hija Ivania.
Vimos en él a un hombre esforzado que no se deja vencer por los avatares de la vida y lucha para trascender los problemas que su existencia le depara. Profesionalmente, fue un maestro dedicado y entregado con convicción y corazón a la noble misión de educar y enseñar. Lo vimos reflejado en sus inquietudes por desarrollar no sólo sus clases, sino que también en las actividades extraprogramáticas, como la formación de grupos y conjuntos musicales en sus alumnos.
Hoy, nuestro pentagrama se tiñe de negro, los silencios son largos, profundos y dolorosos.”
La iglesia se llena de paz ante estas palabras de amor. Un compañero de tu vida, un viejo amigo tuyo… te despide con emoción contenida. Expresa hermosos sentimientos… expresa su desconsuelo y una certeza de que se volverá a reencontrar contigo. Sentí sus palabras llegar a mi corazón. Una compañera de coro, compañera también de una parte de tu caminar amoroso, Brenda, destaca que tu gran amor fue tu hija Ivania… nombrando a todos los que tú amabas. Su voz se quiebra y llora… en tu despedida, Esteban. Ay… Ya casi al salir de la iglesia, mientras te miramos por última vez… se escucha la voz emocionada de tu amigo Raúl, amigos desde niños, quien te regala y nos regala… emotivos, profundos y divertidos recuerdos de años compartidos contigo. (Esteban, algún día, colocaré aquí en forma completa todo lo hermoso que te dijeron.)
Al llegar al cementerio Parque de las Rosas… nos espera una emotiva sorpresa : Es un fuerte y amoroso “abrazo de oso” de Bernarda, querida y sufriente esposa de nuestro Ricardo. Nos entrega su amor, su paz y su fe, en ese apretado y calentito “abrazo de oso” heredado de su amado… y se retira. ¡Fue un momento mágico en tu despedida, Esteban! ¡Fruto de Siembras de Amor!
Tu sobrino Nicolás te ha escrito un poema, un poema de amor… de amor a su tío Esteban.
Lee, con voz clara, fuerte y llena de emoción contenida :
“Para un padre, para un hijo, para un tío inolvidable…
Querido tío Esteban :
Hoy, te marchaste de nuestro lado.
Te fuiste sin avisar, pero nunca dejaste de enseñarnos
que la vida es una sola y hay que vivirla.
Juntos, caminamos tantas veces por cerros y ríos.
Compartimos ese aire puro que tanto te gustaba.
Eras libre… te sentía así.
Aprendimos, de ti, muchas cosas.
¡Tu voluntad para hacer las cosas!
Tu capacidad de amar y, sobre todo, de proteger
a la pequeña estrella que hoy será tu sombra.
Fuiste un hombre que luchó hasta el final.
Pasaste muchas barreras, pero ahí estabas.
Nunca te venciste, humildemente, saliste adelante.
Reíste, cantaste, enseñaste.
Viviste…
A veces, la ausencia es incomprensible,
pero quiero decirte que desde hoy
el sol brillará más, la luna aclara nuestras noches en donde no estés,
y las estrellas estarán contentas de tenerte al lado de ellas.
No lloremos (es inevitable). Te recordaremos como el gran músico,
ese músico que compuso una gran canción.
Serás desde hoy el trovador de la enseñanza,
el pescador de hombres,
y el poeta que jamás dejó de escribir…
una linda historia de vida.
Te quiero, tío Esteban, y te recordaré hoy y siempre. Adiós,
Nicolás Moreno Mijic
Tu sobrino
Al terminar, se siente en el aire su dolor… Se siente Su Amor a su Tío Esteban. En tu paz, paz que “nos bajaste” al escuchar esta demostración de amor, sonríes feliz. Tu mamita, tu hija amada, tus hermanas, amigos y amigas… tus sobrinos y tus sobrinas… sintieron su corazón llenos de tu paz y de tu amor. Nicolás nos dice que te cantará una canción, y que es la misma canción que le cantó a su tía Carmen en su despedida terrenal (y a nuestro Mijáil, su primo querido, a solas con él). Nos llega al alma oír su hermosa voz, nos estremece… Un manto de paz nos cubre… Tú lo escuchaste con tu amor de siempre. Esteban, hoy… ESTÁS JUNTO A TU SOBRINO NICOLÁS… LO AMAS Y LE DAS TU FUERZA… TU PAZ.
En paz, llena de tu paz y de la paz de mi hijo, me acerco para expresarte lo que siento…
“Esteban… mi querido hermano menor:
Siento un gran dolor en el alma, pero necesitaba venir a decirte, fuerte y ante todos : ¡TE AMO, HERMANO!
Esteban… me costó mucho escribir este pequeño homenaje, porque hacerlo significa aceptar tu muerte y, eso, nos costará mucho… lo sé por mi dolorosa experiencia.
Sólo la Paz que siento que me entrega mi hijo Mijáil y la Fe que tengo… me permiten estar acá. Tengo Fe que sólo despedimos a tu amado cuerpecito, porque LO QUE TÚ ERES… TU ALMA… voló hacia el Cielo esa tarde junto al río. Y, en ese mismo momento, tu Alma, TÚ… comenzaste tu Nueva Vida, tu Vida Inmortal, tu Vida Eterna.
Escribiste una vez : “Todos estamos de paso en este mundo…”. Y, ante las palabras del sacerdote : “Dios consideró que Mijáil ya había evolucionado, espiritualmente, más que muchos de nosotros y, por eso, lo llamó junto a Él” Hermano, tú pensaste : “…tengo para rato, me falta mucho que aprender.” Pero, te equivocabas, porque tú ya eras una persona de gran espiritualidad.
Yo te conocí, realmente, en estos últimos seis años, con tu amoroso apoyo luego de la muerte de nuestra amada Carmen. Y, más aún, desde hace nueve meses… Me apoyaste a mí, a mi familia y también a amigos y amigas de Mijáil : Conversando sobre la vida y la muerte, enviando imeils, chateando, escribiendo ¡cinco veces! en la página de tu sobrino, visitando su tumba, filmando y fotografiando.
Esteban… yo te dije y te lo repito : Tu apoyo, expresión de ¡tanto amor!... fue Vital para mí.
Hermano, creo firmemente que nuestro papá, durante toda su estadía en el Cielo, al observar tu amorosa labor como profesor, no pudo dejar de exclamar : “¡Ése es mi hijo!”. Al oír tu armoniosa voz en tu Coro y al ver la Amistad que compartiste, sonrió complacido : “¡Ése es mi hijo!”. Esteban querido… por el gran Amor que entregaste de mil formas a tu madre, como el “hijo tan querido”… estamos seguros que seguirás cuidando a tu “mamita Ester”, desde donde estás, como lo hiciste siempre.
Hermanito, todas tus hermanas conocimos, y agradecemos, las diferentes formas en que expresaste tu Amor hacia nosotras y nuestras familias. A todos, nos llenó de orgullo tu Amor de Padre… mostrándole al mundo, orgulloso, que AMAS a tu hija Ivania por sobre todas las cosas.
Hoy, decimos adiós a tu cuerpo, pero tu Alma permanece con nosotros. Tú, hoy y siempre, Nos Amas. Se que buscarás ingeniosas maneras de comunicarte con nosotros… hasta el Día del Reencuentro Final. Hoy, estás junto a nuestro papá, a nuestra hermana y a mi hijo. Ellos te recibieron sonrientes y con los brazos abiertos, al lado del Buen Jesús… Te dieron la Bienvenida.
Amado Esteban… permíteme terminar con la lectura de una pequeña parte de una carta tuya, que nos enviaste hace sólo ocho meses, en la que expresaste tu gran humanidad : “Me da mucha pena, ahora, no haber abrazado con ganas a mi hermana Carmen… no haberla tenido en mis brazos cuando estaba viva. Por eso, yo abrazo y quiero a mi mamá… abrazo a mis hermanas, no importando los problemas que hemos tenido. Son mis hermanas y las quiero… Quiero a mis sobrinos de igual forma… por eso, y mientras pueda, los voy a abrazar y decirles que los quiero. Igual a mi hija. Siempre le digo que la quiero.”
Amado Esteban… Hermanito menor… Nuestro Esteban… ¡Descansa en Paz!”
Tu mami, nuestra mamita, mira sonriente… Sé que le trae paz escuchar estas palabras de amor. No haberte abrazado más… Ay, hermano. Cachín, tu sobrino graaande, pero igual de regalón tuyo desde tus diez añitos, nos habla con emoción y ternura :
“Con Esteban, con mi tío Esteban, yo tenía muchas cosas en común… Él era Maestro y yo también; él amaba mucho a su hija y yo también amo mucho a las mías. Él me enseñó muchas cosas… Me enseñó a tirar piedras, me enseñó a subirme a los árboles y me enseñó a bajarme de los árboles, pero… ¡No me enseñó a vivir sin él…!”
Su cuerpo, grande y fuerte, se estremece de emoción… al igual que el de Nicolás, hace unos minutos. Ellos están representando a quienes recibieron y reciben… tu amor de tío. Ay, hermano… La paz nos envueeelve y nos envueeelve… Un joven, un “niño”, como tú me los nombrabas con cariño, alumno tuyo, también te habla hoy :
“Profesor… Esteban, como usted quería que lo llamara, porque me decía que éramos amigos… y lo siento así… mi amigo. Nunca olvidaré lo que me conversaba, cuando me decía que tenía que ir siempre por la vida con la frente en alto, cualquiera fuera la dificultad… Que tenía que tener un Proyecto de Vida… Amigo Esteban, te sentiré siempre a mi lado. ¡Hasta pronto!”
Llora, pero sus lágrimas no nos hacen daño… al contrario, nos traen paz, porque es una demostración de amor hacia ti, hermano amado, Esteban nuestro… Y eso es también la canción que te dedica tu coro. Ay, Dios, creo que todos, como yo, sienten que el corazón se les va a salir del pecho. Como corresponde, al final… el “broche de oro” : En un amoroso coro, tu amada hija Ivania, acompañada por primos, primas, alumnas y alumnos, te canta bellas y significativas canciones : “Los momentos”… “Mira niñita”… Una cueca… Un solo de una niña, alumna tuya y amiga de tu hija, con una emoción que se desborda y no le permite terminarla. Ay, Esteban… Ay, Mijáil… Entre esas canciones… “la canción”. Esa canción que los une como una señal de que ESTÁN JUNTOS Y BIEN : “Con una pala y un sombrero”. Esta canción, bien lo saben ustedes Allá Arriba, te la dedicó tu hermana Ariela a ti, amado Mijáil. Esta canción, te la dedicó tu familia a ti, amado Ricardo. Y, hoy, increíble, pero cierto, te la dedican a ti, amado Esteban. Esta canción habla de Siembra y de Cosecha. Dice : “Quién más que tú, merece el Cielo para sembrarlo entero…” Ustedes tres tuvieron, en su vida terrenal, ¡Una fructífera Cosecha de su Siembra de Semillas de Amor!
Mientras se escucha una bella melodía… baja tu cuerpo hacia la tierra, que abre su corazón para recibirlo amorosamente. Tu hija, en cuclillas, rodeada de la amorosa compañía de los más jóvenes, toca y mira tu urna, hasta el final… Sé que tu hija siente un enorme y angustioso dolor por tu partida física, pero sé que siente también paz, la paz que le ha dejado tu Amor dentro de su alma. Desde ese momento, al separarse sus cuerpos, comienzan una nueva relación Padre e Hija… UNA RELACIÓN DE ALMA A ALMA. El Amor que va más allá de la presencia física.
Esteban… Tú fuiste y SERÁS SIEMPRE… un Sembrador de Semillas de Amor. Hoy, hermano, te pregunto : Esteban amado, dime ¿De dónde sacaste tanta ternura para entregarnos? Sí, lo pregunto porque… Si llegaste a “salvar el honor” de una familia sin un “hijo hombre” (porque era la década del 50, pero tú nunca “te lo creíste”)… Si creciste como el rey de la casa (orden de nuestra amada Reina Madre)… Si viviste tu niñez, escuchando que “los hombres no lloran”… Si tuviste una infancia difícil, sin gozarla como merecías, porque fue con inmovilidad en silla de ruedas incluida… Si tuviste modelos de hombre “fuertes y racionales”… Si tuviste una adolescencia y juventud, de soledad y poca cercanía con tus hermanas… Si tu papito te amaba, pero era de otro siglo y venía de otro continente, herido por la guerra… Si elegiste una profesión que te permitió expresarte a través de la música, y el honor de formar personas, pero que no era “bien mirada” socialmente… Si sufriste por la ruptura de tu familia y tuviste que dejar de ver a tu hijita, en todo momento… Si el amor de pareja iba y volvía, en tu vida… Si tu dolencia de niño te perseguía aún, cuando tú gozabas ¡tanto! subiendo cerros, acampando y excursionando… Sí, por esto y mucho más… Esteban, hoy te pregunto ¿De dónde sacaste tanta ternura para darnos? Siento que tú me respondes : “FUE EL AMOR, ESE INMENSURABLE AMOR QUE SIENTEN POR MI, MI MAMITA Y MI HIJITA, EL QUE PUSO EN MÍ UN FUERTE AMOR. UN AMOR QUE ME HIZO ESFORZARME POR EXPRESAR MIS SENTIMIENTOS Y MIS EMOCIONES… POR TENER CADA DÍA MÁS PAZ, PARA MÍ Y LOS DEMÁS.”
Esteban, amado Esteban… Todas las personas QUE TE AMAMOS, AYER, HOY Y SIEMPRE… recibimos muestras de tu amor y te lo retribuimos lo mejor que pudimos, logrando establecer contigo… UN ETERNO LAZO DE AMOR. A mi corazón adolorido… llegó muchas veces ese amor, esa paz tuya. Te dije : “Me has dado una gran sorpresa, nunca me imaginé que “mi hermanito chico” me iba a apoyar ¡tanto!... ¡Sacaste la cara por la familia!” Te recuerdo riendo feliz, satisfecho. Te necesitaba, hermano… ¡Te sigo necesitando! Hoy, cuando me tranquilizo, siento que me dices, directo a mi alma… “¡CUENTA CONMIGO!” Bien, Esteban… ¡Seguiremos contando contigo!
AMADO ESTEBAN… ¡TU PAZ ESTÁ EN NOSOTROS!
¡GRACIAS POR COMPARTIR UN GRAN AMOR! ¡NOS VOLVEREMOS A ABRAZAR!
Gracias, Mijáil, por prestarme tu espacio. ¡TE AMO!
¡TE VOLVERÉ A ABRAZAR!
|