|
Hoy, nuestra mente nos dice que ya no estás con nosotros, pero… en el fondo de nuestro corazón, retumba fuertemente una GRAN VERDAD… Es nuestra Fe, la Fe que nos sostiene y nos trae gotitas de Paz… Ricardo, Ricardo, hoy… ¡ESTÁS CON NOSOTROS! Ay, es tan profundo el misterio de la muerte… Un gran misterio para los que te lloramos, lamentando tu ausencia física. Es una feroz lucha entre mente y corazón… Creo que tu Alma voló al Cielo en el mismo momento de tu muerte terrenal… ¡Estás con Dios, estás Allá y ESTÁS ACÁ! Estás Bien y Feliz, porque fuiste una Buena Persona y te mereces estar en un Buen Lugar. Tan simple como eso, no iré más allá en la búsqueda de respuestas…Me bastará con saber que estás en el Cielo con mi amado hijo Mijáil y con mi amado hermano Esteban, que se fue atrasito de ti… Estás con tu mamita que te recibió con todo su amor… y estás con todos nuestros seres queridos que están viviendo su Vida Eterna y nos acompañan, invisibles y luminosos, llenos de Amor y Paz, hasta el día del Reencuentro Final.
Amado Ricardo, eres mi cuñado y “Mi Hermano Mayor”… Sí, te sentí siempre como un hermano mayor, porque no tenía uno de tu edad y porque, al unir mi vida a tu hermano Roberto, te “adopté” junto a tus hermanos y hermanas, como parte de mi familia… Tú, nunca supiste TODO LO IMPORTANTE que fuiste en la vida de tu hermano y en la mía. Creo que lo intuías, porque aquellas veces que nos reunimos a recordar y a conversar… fluía fácilmente ALGO que nos unía… Fuiste y serás en nuestras vidas, siempre, ¡UN GRAN PERSONAJE! Tu apoyo, a tu hermano, desde siempre… Y, a nosotros dos y a la familia que formamos. Cómo no recordar con gratitud… tus palabras de aliento y consuelo, tu generoso y rápido traslado a la maternidad cuando Aletia anunció su llegada, tu apoyo con trabajo para tu hermano, con palmadas en la espalda, con tus abrazos “de oso”, con sacos de papas, porotos, cebollas o zapallos, en “tiempos de vacas flacas”. Cómo no recordar tus visitas, con tus anécdotas y tu risa fácil y contagiosa… pero, sobre todo, siempre con un hijo tuyo a tu lado, expresión de tu máximo orgullo… Son más de treinta años de escuchar, de labios de tu hermano, ¡tantas historias! Esas historias, ¡tan increíbles y tiernas!, de una aventurera y feliz vida compartida con tu hermano, con tu familia paterna… vida dura, pero FELIZ. Ojalá tu hermano tenga las fuerzas necesarias para escribir, algún día, estos hermosos recuerdos, para compartirlos entre los que te amamos. Ricardo… CALÍN, nombre que te acompañó durante tu niñez y tu juventud. Calín… muchas personas que te quieren, te llamaron así hasta el final de tu vida terrenal… y lo siguen haciendo. Estoy segura de que tu anciano padre, caminando hoy por su campo o por el sitio… lloroso, habla contigo y te dice : “Calín…” Si, Ricardo, hoy, somos muchos los que te conversamos con los ojos brillantes, nombrándote : “Amor, Papá, Papito, Tata, Hijo, Hermano, Calín, Ricardo, Tío Ricardo, Compadre, Don Ricardo, On Ricardo, Amigo, Compañero…”
Como tengo "la cabeza un poco mala”… creo que la última vez que estuve contigo fue en el verano del año 2004. Me diste paz y consuelo con un rico abrazo de oso, cuando yo aún lloraba la muerte de mi hermana Carmen… Ay, Ricardo, estabas recuperándote de una quimio, débil y cansado, pero tú eras así… ¡las fuerzas para apoyar y amar, nunca las perdiste! Vivías feliz, luchando por tu vida, rodeado de tu amorosa familia… ¡Tu mejor Siembra y tu mejor Cosecha! El verano del año 2005 fui a verte, pero andabas de viaje por el sur, dándote el gusto de disfrutar de una fiesta de matrimonio. Tu hermano Roberto, junto a nuestros hijos Mijáil, Gianni y Aletia, sí tuvieron la dicha de compartir contigo… Mijáil, me contó ahora Roberto, quedó muy impresionado al verte “peladito” (más de alguna bromita te habrá hecho al recibirte Allá…). Este verano, año 2006, tu hermano fue a visitarte solo, dos días antes de tu partida de este mundo. Yo no pude acompañarlo… no tuve fuerzas… me refugié en la compañía de mi Gianni. Sé que, ahora, me entiendes más que yo misma… Tenía la esperanza de que te recuperaras una vez más y, así, no tener que sufrir de nuevo este dolor tan grande. Tu hermano regresó muy dolido… Conversamos harto… Ay, Ricardo… no tenías fuerzas para hablar, pero del fondo de tu corazón sacaste las necesarias para preguntarle cómo estaba yo y nuestros hijos… ¡Qué Dios te bendiga, Ricardo! ¡Te amamos, Hermano!
El lunes 20 de febrero, luego de varios días en Viña del Mar, y luego de muchas horas de profunda conversación… volvíamos al Norte con nuestro hijo. Con un poquito de más paz, con varias “tareas” que, pensábamos, nos ayudarían a seguir viviendo… PERO… Pasadas las cinco de la tarde, en plena carretera… suena el teléfono, Roberto lo contesta, escucha y dice ¡Aaay…! Rápidamente, se orilla y se despide al mismo tiempo. “Ricardo…” “Si”. Nos tomamos de la mano, “Gianni, murió tu tío Ricardo…” Con su cabeza gacha… “Si”. Se nos cae la cabeza, el dolor nos aplasta la espalda, los hombros… El llanto nos nubla la mirada… Unos minutos recordándote, luego a seguir para dejar a Gianni en Los Vilos, rumbo a La Serena donde lo espera Aletia. La llamamos, y también a Ariela y a Giovanni, compartiendo la pena. Damos la vuelta y regresamos, haciendo escalas, porque No Podíamos ir directo… Nos decíamos, una y otra vez, que estabas ya con nuestro hermoso hijo, con nuestro Mijáil… que él te recibió.
Fue muy fuerte, Ricardo, entrar a esa iglesia donde el año 2002 despedimos al amado cuerpecito de tu mamita… Desde antes de entrar, ya comenzamos a recibir esos abrazos que nos daban un poquito más de fuerza… Abrazamos fuerte, fuerte a tus hijos, tu máximo orgullo, y a tu esposa, tu mujer, tu compañera… Marcelo, Mauricio, Patricio, Cristian y Bernarda, con llanto, nos dicen que nos esperaban… Ay, Ricardo, Ricardo, ¡cuánto duele! Queremos verte… nos acercamos, juntos, y te observamos a través de nuestras lágrimas… Ahí está tu cuerpo, ese cuerpo tuyo que tanto amor nos entregó… Más delgado, pero es tu rostro de siempre… Tu amado rostro, tus manos… Te hablamos con mucha emoción, te repetimos lo que nos daba fuerza… “Estás con Mijáil, estás con nuestro hijo querido… Descansa en Paz… Te amamos…” Interiormente, muchas más cosas te dijimos… Nos rebelamos también… Te lloramos… Nos cuentan que te fuiste en paz… confirmando lo que ya sentíamos…
El día de tu funeral amaneció, cosa extraña en verano,… ¡lloviendo sobre Linares! Para nosotros, que buscamos ayuda hasta en la señal más simple… ésta, FUE UNA GRAN SEÑAL… Señal de que estabas bien y en muy buena compañía, desde luego… Rápidamente, ordené en el papel las ideas que revoloteaban en mi cabeza, con la ayuda de tu hermano… Sentía un gran deseo, una gran necesidad de decirte, públicamente, lo que sentía ante tu muerte… Deseaba decirte que creemos que nuestro hijo y tú, estaban ya juntos… Creo que, para tu hermano y para mí, escribir acerca de cómo te veíamos en el Cielo, junto a Mijáil y a nuestros seres queridos… era como un suave bálsamo que aliviaba, un poquito que fuera, nuestra gran herida…
Fue una hermosa misa de despedida… Junto a tu cuerpo, una guardia de cuatro Cadetes, jovencitos futbolistas, como tantos otros por quienes “te las jugaste”… Una emotiva guardia, como homenaje a tu trabajo de Dirigente Albirrojo y Presidente del Club “Deportes Linares”. En primera fila, tu mujer y tus cuatro hijos. Tu padre, tus nueve hermanos, tus nueras, tus nietos, tus sobrinos, tus cuñadas y cuñados, tus primos y tus primas, tus amigos y tus amigas, ex dirigentes, tus compañeros de trabajo y de lucha, tus vecinos, tus amigos de niño (¡Juvenal! personaje importante en vuestra vida adolescente). Presentes… De una u otra forma… ¡Todos los que te amamos! El Padre Pompeyo dijo hermosas verdades : “Nos reunimos a despedir los restos mortales de Ricardo Enrique… RICARDO ENRIQUE… FUE UN BUEN PADRE. RICARDO ENRIQUE SE DURMIÓ EN EL SUEÑO PROFUNDO DE LA MUERTE… PERO, RICARDO ENRIQUE YA NO ESTÁ DORMIDO, HA DESPERTADO A LA VIDA ETERNA… PORQUE LA VIDA VENCE A LA MUERTE… PORQUE LA MUERTE ES VIDA… “
Tu hijo, Patricio, con gran entereza, con UNA FUERZA DE AMOR DE HIJO… te despidió con hermosas palabras, a nombre de su madre, de sus hermanos y de tus nietos, diciendo algo así : “Para nuestra madre… Amado Esposo, para tus hijos… Papá, para tus nietos… Tata. Nos entregaste…. Nos enseñaste…. Con orgullo puedo decir a todos, que cumpliste tus objetivos con nosotros… Darnos una profesión : Ricardo Marcelo ya es Ingeniero ..., Mauricio, ya es Ingeniero ...., yo, Patricio, ya soy Ingeniero ... y Cristian, está estudiando, terminando Ingeniería ... . Gracias Papá, te amamos."
Tu hermana, Clemencia, te despidió a nombre de tu padre y de tus hermanos : “Fuiste un Buen Hijo, Buen Hermano, Ejemplar Padre y Esposo. Fuiste un ejemplo de Hombre de Bien, al cual recordaremos siempre… Te agradecemos, en tu partida, todo lo que fuiste en vida y el cariño que prodigaste a tu familia y amistades…”
En el momento de darnos la Paz, nos tomamos todo el tiempo necesario para abrazarnos y compartir, con cada persona que te amó y te ama, esa Paz que sentíamos en nuestro interior. Ya terminada la ceremonia religiosa, al llevar tu cuerpo tus cuatro hijos y amigos, se comienza a escuchar una hermosa canción… “Con una pala y un sombrero”. Con gran emoción, intento cantarla junto a los demás y digo a quien me escuche… Esa misma canción se la dedicó Ariela a su hermano Mijáil… Ay, Ricardo, era y es imposible separar una pena de la otra… Son dos grandes dolores… La fe es la que nos sostiene y escuchar esa canción fue, para mí, una señal de que estabas junto a mi hijo y me dio gusto y tranquilidad, porque tú eres su tío y lo amas… Quizás a alguien le pareció rara la forma en que me estremeció escuchar ESA CANCIÓN, pero yo estoy tranquila, no estoy mal… sólo sufriendo y buscando ayuda en estas cosas simples, pero significativas…
Camino al cementerio Parque Las Rosas… pasa tu cortejo frente a tu casa, la casa de tu familia, por última vez tu cuerpo cerca de ella… Pasa también frente a la sede social de tu club, recibiendo un toque de clarín y un gran aplauso, como un homenaje a ti.
Las primeras palabras son de René Parada, un gran ex jugador y tu compañero de sueños, como vicepresidente de Deportes Linares… Dijo que tú, con tu sabiduría, compromiso, paciencia y entusiasmo por el deporte… pese a enfrentar dificultades, siempre estuviste ahí, instándolos a seguir luchando. Por esto, Deportes Linares te debe mucho… Expresó, con emoción, que tú, Ricardo, tuviste dos familias, una con tu esposa, Bernarda León Albornoz, con la cual tuviste cuatro hijos y cinco nietos… y, una segunda familia, Deportes Linares, con quien te trazaste una hermosa ilusión, pero el destino dijo otra cosa… Dijo que hoy hay mucha tristeza, pero que sabemos que de verdad, tú fuiste y serás un amigo que estará presente con todos nosotros. Tus amigos del deporte no te olvidaremos y en cada una de nuestras actividades tu espíritu estará con nosotros y nos dará fuerzas de unión a todos los que tuvimos el privilegio de compartir contigo. Nos contó que te alegraste al saber que tu club quedaba en buenas manos, diciendo que ahora te podías alejar tranquilo de esta vida. Colocó la bandera albirroja para que te acompañara en tu viaje a la eternidad.
Emocionado, Luis Vásquez Solís, director de la Tercera División, entregó el sentido pésame a tu esposa, a tus hijos, a tu padre, nietos y hermanos, resaltando tu gran valía como dirigente de Deportes Linares, con gran esfuerzo y sacrificio, esforzándote en todo momento para sacar adelante el club, entregándole generosamente tu tiempo.
Eduardo Méndez, secretario de Anfa Regional, señaló que, al partir tú, se había ido un gran dirigente, el hombre, el padre, que entregó todo su esfuerzo por su club con un sacrificio al límite personal, ya que peses a estar enfermo, no lo abandonaste nunca… Te nombró como uno de esos “dirigentes en extinción”, que se entregan con todo por una causa noble… lo que hiciste con mucho entusiasmo y dedicación.
El alcalde de Linares, Luis Hermosilla, aquel a quien dejaste “en buenas manos” tu club, resaltó tu figura… Ricardo… como un hombre de bien, un esposo, padre, hijo, hermano y abuelo ejemplar. Además de tu entrega al club de tus amores, recordó que fuiste un hombre que estuvo privado de tu libertad, por pensar distinto, en tiempos difíciles… algo digno de que todos lo supieran. Deseaba en tu partida, agradecerle a tu familia, esposa, hijos y nietos, hermanos y padre, el hecho de haber ocupado parte del tiempo que les correspondía, tiempo dedicado a Deportes Linares… incluso, estando enfermo, pero aún lleno de sueños y proyectos… Por eso, te agradece a ti… “Ricardo nos entregó su fuerza y su encanto, nos convocó y entusiasmó… dándonos una lección al ver que, a pesar de su enfermedad, tenía fuerzas y era capaz de impregnar de entusiasmo y mística a quienes estaban en su entorno.”
Por último, al ver que el diácono se disponía a la despedida final, me di fuerzas y tu hermano un empujoncito… para llegar adelante, a entregarte unas simples, pero de corazón, palabras de despedida terrenal...
Amado Ricardo… Calín…. He sentido la necesidad de leer unas palabras de despedida, en nombre mío y de tu hermano, Roberto…
Ricardo… Ricardo… ¿Cuántas veces cantaste “Y los cielos lloraron?” Hoy, los cielos de Linares lloraron en el día de la despedida de tu amado cuerpo… de ese cuerpo que te permitió entregar y recibir ¡tanto amor!... Ricardo… de ese cuerpo que te permitió entregarnos tantos abrazos… esos abrazos tuyos que hacían tanto bien… esos abrazos “de oso” con que nos acogiste… apretándonos a ese cuerpo tuyo tan grande, blandito y calentito… para darnos paz y amor…
Este cuerpo tuyo, que conocimos y amamos… hoy, se va de nuestro lado. Pero, tu Alma… Ricardo… esa hermosa Alma tuya que vivió dentro de tu cuerpo durante más de sesenta años… ¡NO SE HA IDO! Tu Alma… Lo que tú eres… Ricardo… voló de tu cuerpo ese día a las cinco de la tarde… y, desde entonces, está junto a nosotros… rodeándonos con tu Paz y tu Amor. Desde ese momento… vives tu Nueva Vida… tu Vida Eterna…
Amado Ricardo… Hoy, igual que los cielos, te lloramos, pero… con la Fe de que es sólo una Espera… una Espera hasta el Reencuentro Final… Mientras, hasta ese reencuentro total, tú nos esperarás con tu calma… conversando de las pequeñas grandes cosas de la vida, con tu mamita querida… y traveseando con tu sobrino Mijáil, nuestro hijo amado…
Tenemos Fe de que estás en un Buen Lugar, en Paz… porque fuiste una Buena Persona. Al subir tu Alma a Las Alturas… tu mamita, nuestro Mijáil y todos nuestros seres queridos… te esperaban con los brazos abiertos… junto a Jesús, también con sus brazos abiertos, para darte Él ahora a ti… un abrazo “de oso”.
Ricardo… Ricardo… Réquiem in Pacis… ¡Descansa en Paz!
Un fuerte y estremecedor aplauso final, mientras tu cuerpo baja hasta la tierra… tierra que te recibe como una Buena Amiga, aquella amiga que estuvo toda tu vida junto a ti, Ricardo amado…
|