|
En estos días de paseos de fin de año, te recuerdo, hijo mío… de pié y muy derecho, paseando tu mirada vigilante sobre alegres bañistas que saltaban por aquí y por allá. Hace un año, colaboraste conmigo trabajando de salvavidas en nuestra piscina y sé bien que no lo hiciste tanto por interés al dinero, que no fue mucho para la responsabilidad que implicaba, sino por ayudarme y por compartir con niños y niñas… algo que te agradaba muchísimo.
Fueron dos paseos, el de mi curso, sexto año B de la Escuela “Buen Pastor”, y el del Hogar de Niñas “Buen Pastor”… dos alegres jornadas, en donde tuviste que dejar tus juegos en el agua y tus bromas sin pausa, para actuar “como grande”.
Y saliste airoso de esta prueba, imponiéndote con “tu” calma ante las traviesas desobediencias, las bromas de los niños y las bromitas de las niñas; superando, incluso, una situación de emergencia. Tenías diecisiete años y, al verte, sentí tu deseo de estar también disfrutando en el agua, por esto, te digo… ¡Gracias Mijáil, hijo querido! Con tu ayuda, pude disfrutar estos momentos; tú sabías que, después de mis cuatro hijos, mi alumnado ha sido siempre una fuente de alegría para mí. Y hoy, cuando se cumplen ¡siete meses de tu muerte!... te digo que intentaré volver a ser esa profesora que tú conociste, hijo mío, ¡y lo haré por ti!, porque tú me dejaste llena de amor, amor para mi amada familia y para quienes, al igual que tú en tu vida, sólo necesitan ser amados, sólo quieren ser felices… Por siempre estaremos agradecidos, ¿cierto hijo?, de aquellas profesoras y de aquellos profesores que te amaron como tú te lo merecías.
En esos dos hermosos días me sentí muy orgullosa de ti, como en tantas otras ocasiones. Te veías ¡tan buenmozo!, de pié y con los brazos cruzados, tratando de poner cara seria, luchando para que la risa no se te saliera ante las travesuras. Recuerdo tu grata forma de relacionarte con las mamitas presentes, recuerdo tu animada conversación con una de mis alumnas, fuera de la piscina y en un momento de descanso… te veías ¡tan lindo! que me dieron ganas de sacarte una foto sorpresiva, pero pensé que debería respetar ese momento tan tuyo… ¡Ay! Ahora suspiro y me arrepiento de no haberlo hecho. ¡Cómo quisiera haberme fijado en más detalles! ¡Haber grabado todo en mi mente! ¡Ay, hijo mío, nos haces tanta falta!
Encontrarme con algunos protagonistas de estas dos jornadas y ver que te recuerdan con tanto cariño, hijo mío, ha sido bueno, me ha traído paz.
En una hermosa foto, sales mirando a las niñas del Hogar, velando por ellas… tal como ahora lo haces, ¡como un buen Ángel que eres, Mijáil hermoso! ¡Te amo!
Tu orgullosa mamá.
|