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Tal como era.



En esta fotografía , del mes de febrero del 2005, Mijáil se ve tranquilo, confiado y risueño. Se ve tal como era. Tal como quería ser, con su pelo crespo y libre. Vestido sencillamente, como a él le gustaba. Su cara refleja su interior y esa sensación de que la vida , su vida y sus acontecimientos, ocurrían en un lugar en que el se sentía bien y sin temores. Nunca algo extravagante, nunca algo llamativo. Simplemente aparecía solo él, tal como era. Parecía que nunca necesitaba nada, le bastaba con muy poco. Muy poca ropa, muy poco espacio, pues todo parecía ir en su mente y en su corazón. Lo importante, estaba allí y se manifestaba en sus gestos , en sus actos. No recordamos que hubiera pedido cosas complejas o caras, más bien nunca pedía nada. Lo que recibía lo compartía y muy pronto lo regalaba. Siempre ofrecía su casa, siempre prestaba su bicicleta, su calculadora, su chaleco, etc. Era así, como en la foto, sencillo, pleno, auténtico. Miren su gesto, miren su risa.
Cuando no habían camas suficientes, el prestaba la suya y se acomodaba en cualquier parte. Si recibía un dinero, lo dejaba por ahí o lo prestaba. Sus poleras las usaba hasta que había que quitárselas, pues estaban gastadas o rotas, pero el parecía no reparar en esos detalles. Se vestía modestamente, tal como aparece en estas fotos, y toda su ropa cabía en un solo bolso mediano. Cuando recordamos estos detalles, nos inunda un sentimiento de profundo orgullo, por esos valores que cultivó, pero también de honda pena, pues nos gustaría que hubiera podido seguir con esos principios por la vida.
Si alguien de la familia se quejaba por algo que no se podía hacer (por falta de dinero o de tiempo) , el era el primero que decía “no importa, total podemos hacer esto otro…” .
Era como una brisa, era como algo seguro, con el que siempre se podía contar. Era el respaldo, el que siempre estaba dispuesto. Era un hijo, un amigo, un consejero. Su apoyo era cálido, protector y lleno de cariño. Era tranquilo y fuerte. Con fortaleza física y espiritual. Capaz de proponerse metas y sacarlas adelante.
Era tal como se ve en la fotografía, una fuerza tranquila, segura, que sabe que puede alcanzar las altas cumbres, esas por las que vivió y que nos dejó como su legado. Por eso, también, nunca estará fuera de nuestras vidas y de nuestros corazones.