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"...con los brazos abiertos..."


Cuando fui con Mijáil, en marzo del 2005, a confirmar su matrícula en el Liceo René Descartes, en Viña del Mar, ocurrió algo tan, pero ¡tan hermoso!, que por siempre permanecerá en mi memoria… Luego de subir la larga escalera, desde la calle hasta la puerta de reja, entramos al patio del liceo; estaban en el primer recreo y había grupos de alumnos y alumnas, con sus capas blancas, conversando alegremente, por aquí y por allá. Frente a nosotros dos, al pié de la escalinata para subir a las oficinas y salas superiores, había un grupo que reconocimos, conversando, alegres y concentradísimos… ¡eran sus compañeros de segundo año y sus amigos del grupo mono!
Caminamos, tímidamente, hacia ellos, y, de pronto, uno de ellos, creo que fue Felipe, se da vuelta, se asombra, y dice en voz alta : ¡el Mijaíl! Eso fue suficiente, rápidamente nos rodearon y fueron abrazándolo con fuerza, con alegría y emoción. Sus ojos brillaban, sus caras sonreían, le preguntaban, exclamaban, uno tras otro : ¡Mijaíl…! , ¡Es Mijaíl…! , ¿te viniste?, ¡¿volviste?!, ¿cuándo llegaste?, ¿vuelves al curso?, ... Hablaban todos y todas, al mismo tiempo, atropellándose. Yo sonreía de oreja a oreja, emocionada y muy orgullosa, al ver la expresión de tanto cariño hacia mi hijo.
Me abrazaban a mí, me pedían el teléfono, temerosos quizás de que fuera a desaparecer de nuevo… Fue un momento tan, pero ¡tan lindo! , que se me humedecen los ojos al recordarlo. Mi hijo Mijáil estaba radiante, feliz. Sonreía, sonreía no sólo con su boca, era él mismo una sonrisa de felicidad, de pies a cabeza.
. . . Es un hermoso recuerdo . . . Uno más, uno más que alimenta mi fe de que nuestro amado Mijáil está bien, porque se lo merece por ser tan buena persona, digna de ser amada así… como lo amaron y lo aman por siempre.
Este recuerdo es, realmente especial, porque me vino a la memoria en los momentos de schock, recién tratando de entender lo terrible que había pasado. El día sábado 7 de mayo, de regreso del entierro de mi hijito, comencé a leer, ávidamente, las numerosas tarjetas de condolencias, recibidas durante su velorio y su funeral. Al leer la tarjeta del Cuerpo de Profesores de su liceo, y la del Taller de Música, con gran emoción encontré al reverso de ambas : “Cristo lo recibió con los brazos abiertos”.
Leer esto y pensar . . . ¡¡¡Igual que sus amigos!!! , fue instantáneo.
Durante muchos días, contar esta emotiva anécdota me hizo mucho bien. Recordar la bienvenida de sus amigos me permitió imaginar, ¡tan clarito!, el momento de la llegada de mi hijo “a las alturas”, a su Hogar Definitivo; casi pude, y puedo, “vivenciar” ese mágico momento… como si Jesús lo abrazara, sonriendo feliz, al recibirlo en Su Casa.
En esa primera semana de duelo, recibí a dos profesoras-amigas, de la Escuela El Chañar” de Copiapó, representando a toda su comunidad escolar. Fue, realmente impactante, leer en su mensaje : “…Ahora ya está en un hermoso lugar junto a Jesús, quien debe haberlo recibido con los brazos abiertos…” Esto, terminó de convencerme de que así no más fue…

Gracias, profesoras y profesores, por esa hermosa frase, que tanto me ha ayudado.

Infinitas gracias a sus amigos y a sus amigas, que ese día de marzo, lo recibieron “con los brazos abiertos…”. Fue un gesto simple, pero decía mucho…

Gracias, también, a todos esos amigos y a todas esas amigas que Mijáil tuvo la dicha de tener durante sus años de vida en Copiapó, en La Serena, y en sus veraneos…
Quiero que sepan que, para él, irse de una ciudad a otra, era como terminar de escribir un capítulo de su vida y comenzar otro. Mi hijo fue feliz en todo lugar donde estuvo, porque recuerden… “Siempre que se le cerraba una puerta, él supo cómo abrirse una ventanita para ser feliz.” Al dejar Copiapó por última vez, creo que Mijáil tenía su corazón dividido, una parte quería partir, al reencuentro de sus amigos, pero… otra parte quería quedarse. ¡Ay! Siento que, mi hijo querido, ya tenía asumido que su vida era así; porque hasta chistes hacía al respecto, pero… eso es parte de otro recuerdo.
Mijáil, mi hijo amado, disfruta de tu nueva vida. Te amo, hoy y siempre… hasta “ese día”.

Luisa, “a mucho orgullo, mamá de Mijáil”.